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[Texto: “Mirrorshades: Antología ciberpunk” (1986), Editada por Bruce Sterling]

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"Costa de Provenza" Un dibujo sólo es una línea dando un paseo, (Paul Klee).

Leo “Mirrorshades, una antología ciberpunk” como un compendio de mitos. Uno tras otro los diferentes relatos que conforman el libro configuran los recuerdos del futuro, de un futuro maloliente, sucio, desmañado. El futuro en los ochenta había dejado de ser el futuro de las píldoras para comer que reemplazaban comilonas suculentas por aportes vitamínicos dosificados, el futuro ya no era impoluto, blanco y resplandeciente y mucho menos se movía al compás de “Así hablaba Zaratustra” como nos lo habían mostrado en “2001 Odisea del espacio”. Pero sucio o no, era un futuro el que se vislumbraba y era un futuro cercano cuyos logros no se se desarrollaban en pulcros laboratorios sino en reciclados garages cuyo instrumental debía ser ensamblado pieza a pieza  a través de cableados imposibles.

Ya desde el prólogo se vislumbra que no se trata de un compendio meramente literario. Sterling fotografía el momento de aparición del ciberpunk ofreciendo un compendio de pensamientos y actitudes afines a un conjunto de autores de ciencia ficción que comparten su modus operandi; Porque no es en la narrativa donde se identifican unos a con otros sino en las nuevas formas de hacer, en la revaloración de antiguas prácticas que se tornan nuevas auspiciados por las nuevas formas de producción economica y politica.

El bricolage, la ensambladura, el montaje, todos remiten al collage primigenio y permiten aunar ciencia y tecnología  con las culturas subterraneas que han ido emergiendo de los resquicios de la supuesta dialéctica del Sistema. La tecnología se pega a la piel y se requieren nuevas taxonomías, nuevas máquinas para desentrañar lo humano de lo no humano, donde los límites al final se vuelven arbitrarios, semánticos. Las ciencias de la comunicación están en estado embrionario y sus respuestas llegarán de la cibernética (el arte de la información), de lo circuitos cableados, donde todo se torna códigos, no un sólo código como en el mundo sencillo de “Matrix” donde todo es fluir binario, sino en una multiplicidad de códigos que reagrupan a los individuos despues de décadas buscando el reino de los hombres en la Tierra.

El pensamiento ciberpunk tiene el mérito visionario de fusionar la información, los códigos, el pensamiento abstracto, el acto social por excelencia: la comunicación,  con el mundo físico sujeto  a las leyes de la gravedad y los saltos cuánticos. Para decir algo en este mundo ya no se puede confiar en los medios del Sistema, la filosofia del DIY(“do it yourself”:“hazlo por ti mismo”) propia del punk es la que nos redime de la intertextualidad infinita, colocando los límites del logos en el verbo:  para comunicar hay que crear los nuevos medios que permitan expresarnos, que permitan salirnos del mundo imaginado por  un tal Walter B. Jehovah.

Los relatos no son proféticos y los mitos a los que aludía al principio sólo se pueden considerar como tales desde el acólito que así los quiera ver, no forman doctrina ni otorgan esperanzas ni enseñanzas de vida. Su fuerza radica en que se muestran como son, ensamblajes de materiales ya existentes y así lo reconocen, los nuevos relatos se articulan sobre las vivencias en un mundo caleidoscópico, donde las prácticas se imitan de uno a otro confin del planeta y del espacio y los personajes no difieren de los mismos que se encontraban en las calles de cualquier urbe. Son visiones de mundos posibles que ya están en éste. Es en la fascinación por el límite, los márgenes, los bordes exteriores,  lo que les otorga una nueva dimensión, un abrir nuevos territorios, despues de todo la frontera era sólo una linea dibujada en el suelo “que encerraba al universo y dejaba a Anarres afuera, ¿libre?”.

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2 Comments

  1. Gran post!

  2. Me ha parecido muy interesante tu entrada, sobre todo el énfasis que pones en el cambio de visión del futuro, en la mezcla innovadora de elementos existentes y en la exploración de los límites desdibujados de lo humano y lo tecnológico.

    También da que pensar tu observación sobre las nuevas formas de comunicación, máxime cuando parece que los autores ciberpunk de la primera mitad de los ’80 aún no eran capaces de imaginar algo como Internet que pudiera interconectarlo todo.

    Respecto a la tecnología de garaje, aunque veo esto cierto en su uso y remezcla, creo que los autores ciberpunk siguen percibiendo una gran dependencia de la tecnología respecto a las corporaciones. Esto es algo que me inquieta, ya que hacemos depender muchas relaciones de la tecnología y su producción aún no puede ser asumida de forma distribuida (este tema ya apareció en algunos debates sobre Zonas Temporalmente Autónomas).

    (¡A ver cuándo tengo tiempo para leer Los desposeídos!)


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