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[Documental: “Globalisation is good”, escrito y dirigido por Johan Norberg]

[Texto:  “La Tierra es plana. Breve historia del mundo globalizado del siglo XXI” (2005), Thomas L. Friedman]

Llevo días paralizado por el concepto de “Globalización”. El video y el texto propuesto por el itinerario tiene el tufo del pasado en su aproximación al concepto y se centran en el aspecto econoómico. Aunque la edición de Friedman es del 2005, cercanos como estamos al final de la primera decada del nuevo milenio, 5 años han dado mucho de sí y ya nos sabemos todos embarcados en el mismo planeta.

Las grandes alianzas entre grupos de países, el modelo estrella de la UE, siguen atendiendo a estructuras económicas, regulan los mercados como maquinarias de relojería, y defienden la producción de sus “tribus” de ciudadanos, el triunfo de las matématicas sobre la metafísica.

En el documental de Norberg un próspero hombre de negocios coreano nos muestra como perdió algunos dedos de la mano porque al principo no conocían bien las máquinas… me pregunto: ¿Cuántos operarios no habrán sufrido accidentes aprendiendo a usar esas máquinas? No importa, el espiritu humano es así de superador, los sacrificados, los “no afortunados” habrán dado su vida – que no su muerte- en beneficio de una sociedad ¿mejor? Alguien tiene que hacer el trabajo sucio y este se está repartiendo a paso agigantados, una nueva distribución de los países, antes de acuerdo a sus materias primas y actividades agrarias, hoy en base a su “especialización” de mano de obra barata. Aprovecho a enlazar con el otro ejemplo, se trata de Kenia que sufre el proteccionismo agrario de UE y EE.UU principalmente. La solución propuesta es sencilla, diríamos que de perogrullo, fuera proteccionsimos y pizza y champan para celebrar el libre mercado. Entonces, ¿se puede suponer que los salarios de los europeos son elevados por capricho con respecto a los de los keniatas o es que eso implica que viven bajo ciertas garantías y protecciones dadas por sus estados? ¿Los keniatas ganan menos porque su trabajo rinde menos? ¿Porque sus papas son de peor calidad? ¿Es que la atención que puede dar un indio o un sudamericano en un “call center” es peor que la que pueda dar un americano en Texas o un español en Sevilla? ¿Donde está la ética de tanto trabajas tanto vales? No está, es metafísica; la nueva política ha encontrado en las estadísticas económicas algo tangible, algo que se puede pesar, cuantificar, que incluso permite medir la felicidad.

No es que la economía se haya transmutado en ciencia política, es que nos fiamos más de los número que de los relatos sobre recuerdos del futuro. Un siglo cargado de ideologías teleutópicas nos han desencantado, siempre hay alguien que parece saber a qué otro hay que sacrificar por el bien común (siempre encontramos alguna excusa para mostrarnos diferentes). El movimiento Otpor! en Serbia, era muy simplista en sus propuestas: “Resistencia”, que no es futuro (prometido) sino presente (activo) y se daba en un pais globalizado, conectado, dentro de sí mismo, de la capital a las provincias el movimiento fue fluido. Eso ya de por sí fue un buen logro, luego las labores de inteligencia de los países de la OTAN se encargarían de demostrar las interconexiones de un mundo ya globalizado, donde el aletear de una mariposa provoca un tsunami en la otra punta del planeta (léase en modo <política internacional>). Pero lo que me gustaría destacar es que se había creado un espacio para la comunicación y se había utilizado una sola palabara cargada de intenciones para activarlo; los gobiernos nuncan han aprendido a medir la infelicidad.

Por eso no puedo resumir el concepto de “Globalización” en su aspecto económico, que quizás fue su primera acepción, y sólo lo puedo comprender en clave comunicacional. El uso acelerado que le hemos insuflado a las nuevas herramientas de comunicación pone de manifiesto que lo que nos une es el diálogo, expresarnos con la esperanza de que haya un otro que nos escuche, atienda, preste atención. Por eso no puedo entender la “Globalizacion” como una teoría, tan solo veo un proceso y supongo que marcará este primer siglo; pero ya somos conscientes que como antaño estamos en un mundo que se sabe global pero limitados por las líneas fronterizas estatistas-económicas , como cuando una línea imaginaria dividía las tierras de Castilla de la otra mitad del globo, y ,como toda, línea se puede saltar.

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6 Comments

  1. Sin entrar en otras consideraciones, algunas cositas de Economía de base

    “¿Los keniatas ganan menos porque su trabajo rinde menos?”

    Si, exactamente porque su productividad es muchíiisimo más baja. El reparto entre capital y salarios no es tan diferente al de Europa. No se trata de que puedan exportar, se trata de que les dejen exportar lo poco que tienen para que con ello puedan acumular el capital suficiente como para pagar educación y tecnología que es lo que hace subir la productividad y aumenta los salarios reales.

    “¿se puede suponer que los salarios de los europeos son elevados por capricho con respecto a los de los keniatas o es que eso implica que viven bajo ciertas garantías y protecciones dadas por sus estados?”

    Al revés, los estados europeos pudieron desarrollar sistemas de protección sólo cuando hubo excedente como para eso. Excedente que nace de una productividad que ha crecido sin parar. “Protege” a los keniatas haciendo que suban los costes sin aumentar la productividad y tendrás aún más miseria. Habría un paralelo ahí con Somalia, donde el crecimiento del estado sobre una economía real basicamente agraria cuya productividad estaba estancada llevó al hundimiento económico final y estallido del país.

    • Mis preguntas no eran retóricas sino fruto de una honesta ignorancia sobre economía así que te valoro y agradezco tus respuestas.

      Pero sigo con dudas con respecto a los “costes” que deben asumir (los keniatas) hasta que aumenten su productividad. Me sigue sonando a “sacrificio humano”. Trataré de explicarme mejor: ¿Podemos aceptar sus productos más baratos pese a saber de sus paupérrimas condiciones laborales? ¿Es la propuesta de “Comercio Justo” una válida solución a este interrogante o es un parche con pocas posibilidades de trascendencia, y por lo tanto el sacrificio al que aludo es inevitable y deberán pasar por ese estadío como aspecto ineludible del desarrollo de sus sociedades?

  2. Coincido con esos apuntes: una protección férrea del estado frente a la competencia exterior implica el riesgo de un estancamiento de la productividad. En este sentido, este no sería un debate propiamente concerniente a la “globalización”, si entendemos por este concepto un fenómeno de finales del siglo XX. Creo recordar que el debate protetccionismo-librecambio es un dilema económico bastante más antiguo… El comercio triangular de la trata de esclavos-materias primas-manufacturas comunicaba bastante eficientemente tres continentes, y esto data del S. XVI. Sin estar muy seguro de mis afirmaciones, creo recordar que desde la primera revolución industrial, los sectores textiles españoles (catalanes) reclamaron protección frente a la competencia británica, con gran perjuicio para ellos a largo plazo. Otra cosa es que la expansión industrial se halla convertido en un imperativo constante, si lógica de beneficio requiere competir con industrias menos productivas para garantizar la supervivencia de las corporaciones…

    Pero en todo caso, me parece que lo revolucionario de esta globalización se sitúa más en el campo de la comunicación (sobre todo la comunicación en red, no mediada ni centralizada) que en el de la economía. Ahí sí me parece muy interesante la figura de OTPOR y otras actividades, como la retransmisión hacker de la guerra de Kosovo que se menciona en el texto de Pekka Himanen.

    Ah! un último añadido sobre el enlace. No quiero extenderme más, pero sólo decirte que no es la primera cosa que veo en este sentido, cuestionando el PIB como indicador de bienestar, y cada vez desde posturas “menos sospechosas”. Stiglitz hace poco, sin ir más lejos:
    http://publiclyeconomic.wordpress.com/2009/09/25/gdp-and-its-alternatives-which-thermometer-for-wealth-and-well-being/

  3. Gracias por el enlace Julio, desconocía que los “economistas” se habían planteado dudas con respecto a lo que pueden o no medir 😉

  4. Hombre, la ecoeconomía y los economistas feministas llevan dos décadas criticando la medida del pib.

    Si me permitís desbarrar, y aunque no me entienda casi nadie, yo creo que este tipo de discusión es un producto del nacionalismo en muchos sentidos.

    En el más cercano: nuestros abuelos fueron esa generación “quemada” para acumular el capital (tecnología + sistema educativo) que permitió dar el salto a las generaciones siguientes (de modo más tímido nuestros padres, más claro en nosotros). ¿Por qué no pensamos en ellos como protagonistas de esta historia y sí en unos imaginados seres sufrientes del tercer mundo? El tercer mundo está aquí!! Son nuestros abuelos (el segundo mundo son nuestros padres)

    Y ahora la pregunta, si en vez de imaginar una nacin siempre poderosa, rememoramos nuestra propia historia familiar se replantea:

    ¿Qué hubieran querido nuestros abuelos exportar o no exportar? Porque si hubieran tenido remilgos los europeos que compraban aceite español o venían a Málaga de turistas… nosotros seríamos ellos.

    • Bueno, supongo que si hubieran tenido una garantía de prosperidad para sus hijos (lo cual ya es mucho suponer) habrían optado por el «sacrificio humano» que dice Paco. Aún así, creo que el tema no es exportar o no exportar, sino si como países ricos/­consumidores/­democráticos tenemos responsabilidades morales sobre cómo se desarrolla la transición de los países pobres. Y yo creo que en la interfaz con estos países sí hay cosas que se pueden hacer.


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