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[Texto: “11M: Redes para ganar una guerra” (2004) por David de Ugarte]

La calle de las teterías en la actual Granada

Había en Granada una calle cuando llegué a la ciudad que ya no era recordada por su nombre originario sino por una nueva acepción que indicaba la nueva actividad comercial que se había desarrollado en sus escasos 3oo metros de longitud: la calle de las teterías.

Cuando llegué a Granada la calle de la Calderería en el bajo Albayzín ya no era conocida como tal sino por su nueva acepción popular: la calle de las teterías. Se habían ido instalado en esa calle una seria de teterías de estilo magrebí, algunos locales de artesanía e incluso una panadería regentada por el panadero loco que hacía unos dulces de estilo árabe llenos de dátiles y almendras. Muchos de sus propietarios eran musulmanes (españoles y extranjeros) y pronto aquella calle en cuesta ebullición con todo tipo de productos de origen árabe. Los estudiantes cristianos en su mayoría pululaban por las teterías y la concordia parecía haber retornado al antiguo Reino de Granada. Creo recordar que había varias mezquitas improvisadas, en casa de particulares que servían para el culto islámico. Dejé la ciudad cuando la calle de las teterías era ya todo un reclamo turístico y se anunciaba la construcción de una nueva mezquita. Por supuesto cierta población de Granada se oponía, unos porque el lugar donde se emplazaría destruiría el Mirador de San Nicolás, balcón con vistas a la Alhambra, y otros porque su fe les impedía tolerar otra fe. Pero había otra discusión que no era tan palpable en la opinión publica de la ciudad y enfrentaba a los miembros de la propia comunidad musulmana y sacaba a la luz los conflictos internos de cualquier religión y ponía de manifiesto las diferencias económicas de una u otra facción. La nueva mezquita se construiría con fondos de Arabia Saudita.

Cuando leí hace años el libro 11M se me aclararon algunas ideas sobre lo que implicaba esta nueva construcción en el seno del famoso barrio árabe de la ciudad. No se trataba del desarrollo natural de una red de creyentes que ante la bonanza económica decidieran construirse una mezquita con mejores condiciones para el culto que los que podían prestar las hasta entonces improvisadas mezquitas en los pisos de inmigrantes (los pisos de inmigrantes siempre se sitúan en los antiguos cascos históricos de las ciudades). Se trataba del desembarco financiero e ideológico de una facción determinada del islamismo. Hasta ese momento la calle de las teterías funcionaba a modo de ágora y puedo imaginar que la intención de los constructores de la nueva mezquita era centralizar esas redes sociales.

Pero eso no aparecía en la agenda pública, no había un reconocimiento del posible conflicto entre los habitantes musulmanes de la ciudad y los patrocinadores de la mezquitas. En todo caso eso era un “asunto interno” de “ellos”, que vivían en la misma ciudad pero no eran “nosotros”; en contraste con la sentida preocupación “ciudadana” por el emplazamiento de la feria… De Ugarte considera la cultura de la “cuadrilla” como el muro impermeable que si bien no se opone a la convivencia, al usufructo de los espacios comunes por los habitantes de una misma ciudad, sí propicia la exclusión de los distintos ya que la propia cuadrilla se articula por su origen biográfico, evitando la asimilación del otro. Un “otro” que a su vez tiende a aglutinarse en sus propias “cuadrillas”: “El multiculturalismo no es sino un reconocimiento de esta división, de esta ajenidad impuesta, que se da como excusa la diversidad”. No hay inclusión ni asimilación, no hay mestizaje sino zonas diferenciadas, fronteras costumbristas.

El análisis expuesto en 11M conduce inexorablemente no ya a cuestionar los nacionalismos como armazones desprovistos de objetivos, sino que apunta algo más sustancial: “...la necesidad de un “framework ideológico”, es decir, de una misión para cualquier organización en red. Es la misión lo que la vertebra. Por eso los estados como tales están relativamente indefensos. No tienen misión”.

Si los estados dejan de tener razón de ser, tan solo queda desalambrar.

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One Comment

  1. Creo que en este caso, cómo en la mayoría de las redes centralizadas, lo que importa es formar actores que cumplan con un programa prediseñado mediante la movilización de sus emociones, sin importar en la mayoría de los casos a lo que se tenga que someter al sujeto con sus aspiraciones, que son subordinadas al guión social cuidadosamente diseñado para implantar verdades que luego servirán para movilizar emociones que daran lugar a acciones muchas veces bastante singulares y comprometidas, lo que retroalimentará dicho sistema

    Otro muy buen ejemplo típico, gracias por compartirlo


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