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[“Manifesto Ciborg: El sueño irónico de un lenguaje común para las mujeres en el circuito integrado”  (1984),  Donna Haraway]

“Rechazar una metafísica anticientífica… y también abrazar la difícil tarea de reconstruir los límites de la vida diaria en conexión parcial con otros, en comunicación con todas nuestras partes”  ( del “Manifiesto Ciborg”).

Se trata de despejar falsos velos de naturaleza y mundos bucólicos que rodean nuestros emporios tecnológicos. No hay barbarie o civilizacion, nuestra técnica es nuestra naturaleza, como especie nos consideramos una plaga que atenta contra los espiritus del bosque. Pero nunca hubo bosque sino arboles que talar, nunca hubo manatiales sino pozos que construir, no nadamos entre delfines sino que surfeamos en edificios de chapa sobre las olas. La gran tragedia es que siempore vivimos expulsados del paraiso, porque nunca lo hubo. Nuestros animales domesticos no son mas “naturales” que nosotros, estan mediatizados, confinados a nuestra mirada de humanos, mediatizados y encerrados, sus heces se recogen en bolsitas de plastico.

Entonces el ciborg se me antoja una toma de conciencia, un nuevo saber estar, reubicarse en un mundo donde la palabra , el logos, lo fundacional de nuestro realidad, tras años de repetir las mismas mentiras se las habia terminado creyendo. La escritura no les fue dada los griegos para enriquecer a sus ciudadanos sino para establecer su control (“Los orignes del pensamiento griego” Jean-Pierre Vernant, 1986).  Tras los primeros escarceos con las palabras Parmenides corta por lo sano y declara que el “ser es” excluyendo la antimateria a los abismos de los confines del universo donde retumban hoy en día las palabras de Heraclito: “En su origen, el cosmos más bello, es algo así como un montón de basura” (fragmento 124).

Agrandarnos los pechos o alargarnos el pene no nos convierte en ciborgs, como aprender a escribir no nos convierte en literatos. El ciborg requiere de una toma de conciencia, de una toma de posición,  lograr nuevas fusiones que a su vez reproduzcan nuevas miradas. Es tirar por la borda el lastre de viejas taxonomias y deleitarse con los vocablos de nuevas lenguas, la fusión del código genético con el código binario. Como en toda reconstrucción se trata de reciclar lo dado, entretejer nuevos patrones en el telar, de componer nuevas alianzas sociales libres de miedos y frustaciones arcaicas. Es releer Edipo Rey descartar explicaciones falocéntricas y permitirse ver entramados jurídicos o perversiones del poder. Y por sobre todo fragmentarse y reconocerse en los fragmentos, despues de todo, nuestra historia de vida solo tiene sentido para nuestra propia existencia, es nuestra propia mirada la que otorga sentido a las ocurrencias del día a día, como cuando visionamos nuestros álbunes de fotos con la esperanza de encontrar alguna ontología que nos redima del presente.

El género ciborg es una posibilidad local que cumple una venganza global. No existe impulso en los ciborgs para producir una teoría total, pero sí una experiencia íntima de las fronteras, de su construcción y de su deconstrucción. Existe un sistema de mitos a la espera de ser un lenguaje político que sirva de semilla a una forma de mirar la ciencia y la tecnología y que amenaza a la informática de la dominación, para actuar poderosamente”. (“Manifiesto ciborg”).

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