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Tag Archives: estética

El Gobierno español ha desatado una serie de polémicas con la presentación de su popuesta de “Ley de la economia sotenible”. En particular uno de los puntos que más debate ha propiciado ha sido la propuesta a cargo del Ministerio de Cultura de crear de una Comisión encargada de llevar ante la justicia administrativa a los sopechosos de violar la Propiedad Intelectual.

Las reacciónes reflejada en los medios de comunicación sociales ha sido cuestionar la restricción a la libertad de expresión que implica este proyecto de Ley. Reflexionando sobre el tema y a partir de muchas fuentes diversas he elaborado un mapa conceptual en el que a modo de puzle he empezado a relacionar las distintas piezas de este entramado social, político y económico. Esbozo a continuación algunas ideas claves y espero poder ir desgranando cada una en varios artículos con pretensiones de serial.

En el año 2002 el Estado español a través del Ministerio de Industria se dotó de la LSSI para la protección de los derecho de Propiedad Intelectual (PI). Durante varios años las entidades de gestión de los derechos de autor intentan por vía judicial enjuiciar webs que consideran vulneran los derchos de sus representados. Pero los resultados no les son satisfactorios y es entonces que la actual Ministra de Cultura decide promover un nuevo marco legal para ejercer la protección de los “creadores culturales”.

Si hasta ahora ese ámbito de control estatal estaba dirigido desde un ministerio encargado de la gestión de la producción comercial, ahora se trata de otro ministerio, encargado de la gestión cultural del país, el que decide que no es suficiente con esa protección jurídica.

¿De qué se ocupa un Ministerio de Cultura? No todos los estados democráticos cuentan con uno específico para este tema, en otros países este ministerio está incluido dentro de otro como es el de Educación. ¿Hasta dónde debe llegar la gestión cultural? Es más, ¿cómo delimitan el “hecho cultural” para poder gestionarlo?

Los “hechos culturales” contaban hasta hace unas décadas con una corriente propia de la filosofía occidental, esa que reconoce sus fuentes en la mítica grecia de los diálogos platónicos: la Estética. Pero la estética o el juicio estético fue perdiendo su valor social hasta encontrarnos en la actualidad con la necesidad de redefinir su propio objeto de discusión. Heidegger ya se ocupó de esta problemática al tratar de desentrañar qué constituía a la obra estética. Por su parte Walter Benjamin nos brinda una clave más prosaica al discriminar el paso del “culto” al estado actual de “exhibicionismo” del “hecho artístico”. En otra línea de pensamiento nos encontramos con la crítica de las concepción de “arte” como vocablo atemporal y universal. La consideración de la producción y sobre todo de la distribución de las obras culturales permiten considerar el “Arte” como fenómeno de un perido determinado, posterior a la producción “Artesanal” y predecesor del “Diseño” como nueva forma que irrumpe en el siglo XX y condicionan las nuevas prácticas culturales. Los carteles de Toulouse-Lautrec se revalorizan tanto como las pinceladas de Van Gogh. Los estudios sobre el arte “popular” se agudizan en America Latina, defendiéndolo de la discriminación sufrida durante siglos de modernidad e incluso el “Kitsch” merece un estudio exhaustivo por parte de la intelectualidad europea. La obra de arte es entonces redefinida como “obra”, como objeto, como mercancia.

Es este deslizamiento conceptual el que creo permite a un Ministerio de Cultura arrogarse atribuciones del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio. Dejando de lado la gestión cultural como forma de control estatal e ideal de cohesión social territorial, la nueva concepción reduce los “hechos culturales” a “productos culturales” y como tales suceptibles de control estatal. Los nuevos territorios son mapeados para poder ser gobernados.

El control que se venía ejerciendo era propicio para la industria en general y en este sentido la farmaceútica se presenta como una de las grandes beneficiadas aún en conflicto con la ética de la asistencia sanitaria. Por su parte la industria cultural encuentra en otro ministerio la disponibilidad para establecer nuevas regulaciones.

Como indica Juan Urrutia, la efectividad económica de la PI ya estaba siendo cuestionada desde hace décadas, por lo que la irrupcion del lobby cultural no parece inocente. De hecho desde principios de este presente milenio han surgido nuevas porpuestas para la defensa dela PI: Creative Commons y Copyleft son los ejemplos más destacados, pero como bien apunta el Devolucionismo, soló ahondan en mayores medidas de control.

Con la nueva propuesta de la tristemente bautizada Ley-Sinde lo que está en juego es la creación, circulación y comunicación cultural más allá del individuo creativo, es el “dominio público” el que peligra.

De la nada, nada se crea.